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¿Nos gobierna el FMI?

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El Fondo Monetario Internacional ha tenido una presencia constante en la vida política nacional, en particular en los últimos 40 ó 50 años. Cada vez que la Argentina enfrenta problemas económicos serios (algo que ocurre muy seguido), el FMI aparece como el tío rico que nos presta plata a cambio de imponer ciertas condiciones. Esto ha llevado a que prolifere una idea común, sobre todo entre la izquierda y la centro-izquierda: los problemas de la Argentina son, ante todo, culpa del FMI. El FMI nos impone una política económica de ajuste, que perjudica a los trabajadores en lo inmediato (de la mano de la baja salarial, la reforma laboral o el recorte de los gastos estatales) pero también a largo plazo, impidiendo que la economía crezca. Esta subordinación al FMI sería un síntoma de la dependencia del país, que se encuentra, por esta y otras vías, sometido al imperialismo, que no tiene nada mejor que hacer que impedir el despegue de un país de segundo o tercer orden como la Argentina.

A lo largo de este libro discutiremos esta idea. Exploraremos una idea alternativa: que el FMI, más que dominar, viene a poner un parche a problemas que no serían menos leves sin el FMI, sino todo lo contrario. Esto no implica avalar las políticas que promueve el Fondo para la Argentina, ni señalar (como hacen muchos de los que cuestionan al FMI solo mientras están en campaña) que, a pesar de todo, debemos “honrar nuestras deudas”. Sin duda, para empezar a superar los problemas de la Argentina, es necesario romper con el FMI y dejar de pagar una deuda que no se utilizó en beneficio de los trabajadores. Sin embargo, creemos que nuestros problemas no son culpa del FMI. La presencia constante del Fondo en la Argentina no es más que un síntoma, la expresión superficial de un problema mucho más grave, más profundo. ¿Que cuál es entonces el problema? Espere, antes de llegar ahí tenemos que explicar una serie de cosas.

El FMI

Los orígenes

El accionar del FMI suele asociarse a las ideas neoliberales. Es uno de los instrumentos de que se valdría el imperialismo para promover ajustes y reformas que apuntan a reducir la intervención del Estado en las economías de los países “dependientes”. Sin embargo, su creación estuvo ligada a ideas keynesianas. Es decir, a aquel paradigma económico que frente a las crisis, alienta la intervención del Estado en la economía y la inyección de dinero para alimentar la demanda y evitar la recesión.

La creación del FMI comenzó a idearse cuando estaba terminando la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos, uno de sus impulsores, buscaba establecer un nuevo orden mundial bajo su égida, que permitiera no solo garantizar la estabilidad política, sino también la económica. Se buscaba evitar una nueva crisis económica mundial como la que precedió al estallido de la guerra: el crack bursátil de 1929 y la gran recesión que le siguió. Pero en Estados Unidos, en ese momento, no dominaban las ideas liberales. El presidente era Franklin D. Roosevelt, que había impulsado el New Deal. Esta política asignaba un rol prominente al Estado como impulsor de políticas expansivas para salir de la recesión. Por ejemplo, amplios programas de obras públicas o la creación de empleo estatal para hacer frente a la desocupación. El New Deal de Roosevelt coincidió en el tiempo con el auge de las ideas keynesianas: ambos venían a dar una respuesta (y una salida capitalista) al fracaso de los mercados para “autoregularse”, que se puso en evidencia con la crisis del ’30. Precisamente, el impulso a la creación del FMI provino de estas dos vertientes ideológicas, dominantes en aquellos tiempos: los funcionarios que habían impulsado el New Deal en EE.UU. y las ideas keynesianas que dominaban en Gran Bretaña.

Sobre el final de la Segunda Guerra los gobiernos de los países aliados comenzaron a reunirse en distintas conferencias internacionales (Teherán, Yalta) para discutir un nuevo orden mundial. La Organización de las Naciones Unidas, por ejemplo, se pergeñó en estos encuentros. Como el nuevo orden no debía ser solo político y militar, sino también económico, comenzó a discutirse la creación de una institución financiera internacional que garantizara la estabilidad económica en el mercado mundial. El parentesco con las ideas keynesianas era directo: se trataba de una nueva reacción a la crisis del ’30, y el proyecto, al propiciar una intervención de un organismo supranacional sobre las economías nacionales, contenía una crítica implícita a la idea de la autorregulación de los mercados.

De hecho, hubo en danza dos proyectos de Fondo Monetario. Uno fue encargado por el gobierno británico a John Maynard Keynes. El otro fue encomendado por el gobierno norteamericano a quien, en 1941, fue nombrado Subsecretario del Tesoro, Harry Dexter White. Aunque el proyecto que finalmente se impuso fue el de White, que daba primacía a los EE.UU. en la toma de decisiones dentro del nuevo organismo, su propuesta original se enriqueció en sus debates con Keynes. El proyecto finalmente fue aprobado en julio de 1944, en la conferencia de Bretton Woods, por representantes de 45 países. Allí también se aprobó la creación del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), antecesor del Banco Mundial. Las nuevas instituciones financieras internacionales, conocidas como “los gemelos de Bretton Woods”, establecían una clara división del trabajo. Mientras el FMI tenía la función de estabilizar a las economías en crisis, el BIRF se dedicaría a otorgar créditos para proyectos de desarrollo. De hecho, su primera tarea sería contribuir a la reconstrucción de los países devastados por la Guerra. Los objetivos originales del FMI no eran menos “keynesianos” que los del BIRF. De hecho, el primer artículo de su Convenio Constitutivo señalaba que su objetivo sería “facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional, contribuyendo al fomento y mantenimiento de altos niveles de ocupación y renta real, así como al desarrollo productivo de todos los miembros”. Otro de los nombres con que se conoce a los “gemelos de Bretton Woods” es “los gemelos de Keynes”…

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